La importancia del lenguaje en la terapia

La importancia del lenguaje en la terapia ¿por qué se usa una palabra y no otra?

La comunicación es el elemento fundamental en la interacción entre seres humanos y la base principal de la terapia. Está compuesta por el lenguaje no verbal (como la postura, los gestos, o el tono de la voz entre otros) y el lenguaje verbal (el contenido expresado mediante palabras). Gracias a ambos, podemos conocer el contenido de la mente del otro (ya sean memorias, sueños, razonamientos, etc.), además de apreciar el cómo vive o siente esta información atendiendo a su cuerpo.

La comunicación es una herramienta que usamos constantemente en nuestras vidas al ser animales sociales, pero ¿por qué en terapia en concreto existe una mayor importancia en la precisión del lenguaje?

A menor resolución, más difícil identificar la imagen

De la misma forma que para poder reconocer qué objeto aparece en una foto de muy baja resolución, en la terapia es complicado entender qué sucede con muy poco contenido, o un contenido difuso. Por ejemplo, no es lo mismo saber que un paciente tiene problemas con el alcohol, que saber que este paciente bebe cuando se siente solo porque en su infancia tuvo unos padres negligentes. Aumentar la precisión del lenguaje ayuda a aumentar la resolución de la escena mental que tiene el terapeuta del paciente. Gracias a esto, pueden aparecer detalles previamente ignorados pero cruciales en la intervención: porque son elementos a trabajar, porque conectan experiencias aparentemente irrelevantes pero que forman parte de un patrón, o porque ayudan a desestimar información irrelevante para el objetivo terapéutico. 

¿Es lo mismo un pincel de detalle que una brocha?

Las palabras son una de las herramientas fundamentales para producir un cambio terapéutico. Debido a esto, el no utilizar el lenguaje preciso tanto por el paciente como por el terapeuta se asemeja a intentar pintar un cuadro a brocha gorda. Es decir, las palabras han de encapsular exactamente el contenido al que se refieren, como si de un bisturí se tratase, dado que buscamos cambiar un aspecto específico, y a la vez escoger exactamente la pieza que encaja. No es lo mismo decir: ‘Me siento triste’, que expresar ‘Me siento abandonado’, o no es lo mismo decir ‘Me hiciste daño’ que expresar ‘Me traicionaste’.  En estos ejemplos, con muy pocas palabras ya es apreciable un contenido más específico. Descarta implícitamente posibles hipótesis (siguiendo la primera frase, no sabemos de qué habla la tristeza y podríamos equivocarnos hipotetizando) y nos ayuda a diferenciar la complejidad de la escena (en el segundo ejemplo, ya no habla de un daño inespecífico, si no de la pérdida de confianza y el daño asociado al ser vulnerable ante el otro).

Poner palabras a aquello que no lo tiene nos ayuda a crear sentido

Un aspecto fundamental de los seres humanos son las emociones. Estas podrían definirse como información sin lenguaje. Es decir, entendemos qué sentimos, para qué y por qué. Las emociones pueden ser uno de los motivos por lo que uno puede acudir a terapia, dado que también son la brújula que nos indica que algo en nosotros no está bien. Es interesante el darse cuenta de que nuestro cuerpo sabe algo, a lo que no puede poner palabras. En estos casos, nuestro papel en terapia es entender qué es lo que está pasando en nuestro cuerpo, y crear significado a partir de la identificación de las emociones.

Culturalmente tendemos a identificar fácilmente las cinco emociones principales: enfado, asco, tristeza, miedo o felicidad. Sin embargo, al igual que con los colores, en nosotros puede estar presente un sentimiento de envidia, vacío, rabia, inferioridad, etc. El ser capaces de identificar de forma precisa qué palabra encaja con lo que sentimos en el cuerpo enriquece nuestro conocimiento de lo que sucede. Si nos damos cuenta de que en vez de sentir un enfado más general sentimos rencor, intuimos que trata de una experiencia previa que habla de un daño sufrido, o unas expectativas no cubiertas.

Las palabras son una herramienta básica del comienzo terapéutico. En el Instituto Cláritas somos conscientes de la importancia de una correcta comunicación, y de cómo puede ayudar en tu proceso terapéutico. Si alguna idea de la que hemos presentado resuena en ti o te invita a querer comenzar un proceso terapéutico, no dudes en ponerte en contacto con nosotros.

Borja Alonso Arroyo

Borja Alonso Arroyo

Psicólogo general sanitario
Graduado en Psicología en la Universidad Pontificia de Comillas. Máster en Neurociencias básicas y aplicadas en la Universidad de València. Máster General Sanitario en la Universidad Camilo José Cela. Formación en Psicoterapia y Procesos Afectivos por el centro IDP. Experto en Focusing con los niveles 1, 2, 3 y 4 por el Centro Focusing THuS. Psicólogo integrador especializado en adultos destacando en Terapia Focalizada en la Emoción por el Instituto TFE del sur de California. Entender los procesos que subyacen a la psicología, el desarrollo emocional y la búsqueda del potencial interno de la persona son los pilares de su intervención.

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