Qué es el trastorno negacionista desafiante

El trastorno negativista desafiante (TND), también denominado trastorno oposicionista desafiante, es conocido como uno de los trastornos del comportamiento disruptivo. Los trastornos del comportamiento disruptivo aparecen durante la niñez o la adolescencia, y se consideran de tal forma cuando los desafíos constantes a la autoridad vienen acompañados de otras conductas antisociales como, por ejemplo, conductas violentas, robos…

El diagnostico de TND se realiza en la infancia, entre los 5 y los 10 años, a partir de los diez suele derivar en un trastorno de conducta, más típico de la adolescencia.

¿Cómo detectar que mi hijo tiene TND?

Los niños con TND son señalados habitualmente, en diferentes contextos, como niños:  malos, traviesos, con dificultad para estar quietos y en general niños que desafían constantemente a los adultos.

Todos los niños tienen conductas desafiantes o hacen travesuras, pero en el caso de los niños con TND, nos encontramos ante rabietas muy coléricas, en las que puede pasar de 0 a 100 en un instante y que por lo general gritan mucho. Los niños pequeños, no sienten rencor o venganza, siendo habitual que tras algo que haya sucedido negativo a día se haya olvidado. En los niños con TND se acuerda de todo lo que ha pasado tras varios días y siente deseos de devolver el daño que se le ha hecho.

Cuando hablamos de “desafiar” nos referimos al hecho de que constantemente rechazan las normas y límites que se les pone, generalmente basta para que se les de una orden para que hagan justo lo contrario. Esto implica que sean frecuentes las discusiones con los mayores, ya sea con la familia o en el colegio.

Dado que son muchas las discusiones derivadas de no querer obedecer, se suele generar un clima bastante hostil entorno al niño, provocando que los demás reaccionen negativamente, y, en cierto punto, siendo difícil identificar si son las conductas del niño o las conductas de los padres las que inician el conflicto.

Debido a esta dificultad para obedecer es frecuente que el niño sea objetivo de muchas malas miradas y castigos, siendo habitual en el niño el resentimiento y que siempre interprete que le atacan, en parte porque desde pequeño ya ha tenido la fama de “niño malo” y la gente ya sabe como se comporta. Cuando se pregunta al niño por lo que ha pasado, tiende a culpar a los demás de sus errores, siendo muy difícil que asuma la responsabilidad de sus errores.

Ante el castigo, los niños con trastorno negativista desafiante suelen reaccionar muy mal y aprender poco de él, al contrario que los demás niños, que, si que aprenden de las consecuencias, con los niños con TND es mejor usar los reforzadores y la negociación.

En resumen, tenemos un niño que desobedece, con conductas hostiles y desafiantes, sobre todo a aquellas personas que son una autoridad, y que va más allá de las conductas infantiles normativas.

¿Qué se puede hacer cómo padres?

  1. Utiliza la atención positiva hijo: Dado que los niños con TND están constantemente señalados por sus conductas negativas, es esencial que cada vez que haga una conducta positiva está tenga la atención que se merece, una buena pregunta por donde empezar puede ser “¿Qué cosas positivas ha hecho tu hijo esta semana?”
  1. Usa el poder de la atención para conseguir que obedezca: como hemos comentado previamente, los niños con TND están muy marcados por comentarios negativos, el simple hecho de que los padres y profesores empiecen a prestarle atención desde otra forma ayudará a mejorar su comportamiento, gestos como elogiarle o tomar un tiempo para explicarle porque, lo que ha hecho, no le gusta a la gente, les ayudará.
  1. Da órdenes de forma eficaz: Si le digo que tiene que ordenar la habitación para salir con sus amigos, hay que decirle algo más concreto “haz la cama y luego sales”. Si lo que queremos es que arregle la habitación entera tenemos que haber gestionado antes lo que significa concretamente ordenar la habitación.
  1. Crea un sistema de recompensas en casa para que los niños repitan las conductas adecuadas. Enséñales que tareas son las que quieres que hagan solos y escríbeselas, Planifica previamente la actuación ante posibles malas conductas: anticipar, analizar y, si es posible, prevenir
  1. Utiliza el castigo de forma constructiva: Con el niño con conductas desafiantes, es muy difícil hacerle entender lo que sienten los demás con sus conductas, por ello, siempre que pueda darle una consecuencia que tenga que ver con lo que ha hecho, mejor. Por ejemplo, si durante la cena he tirado la comida de todos, después tiene que recoger la comida de todos y al día siguiente ayudarme a hacer la cena de todos. De este modo, sale beneficiado en cierta medida porque aprende lo que es hacer la cena. Aprovechamos el castigo para que el niño aprenda.
  1. Las consecuencias deben ser lo más inmediatas y especificas posible, siempre reforzando si aparece conductas positivas o reparadoras. Es importante tener en cuenta que estas consecuencias tienen que ser constantes, es decir que, si no toleramos una conducta, no se tolera nunca, y esto implica que ambos padres tienen que dar la misma respuesta ante la conducta que no aprueban. Por ejemplo, al inicio cuando un niño dice una palabrota los adultos se ríen, esto les da una señal a los niños de lo que dice es gracioso, así piensa que puede hacerlo más veces. Al día siguiente cuando hace lo mismo le regañamos, aquí es donde el niño se despista y no entiende lo que sucede. Por esto, si nunca toleramos una conducta, es en ninguna circunstancia.

Es importante recordar que estos niños suelen ser etiquetados desde muy pequeños, siendo señalados como niños malos, por lo que aprenden a obtener atención de los adultos cuando hacen algo malo.

Es importante reconocer y aceptar que las interacciones dentro de la familia son reciprocas. La conducta de los padres está muy influenciada por la conducta del niño y viceversa. Tener paciencia e intentar mantener la calma, será la clave para una mejora en su comportamiento. Por esto, si crees que tu hijo o tu familia puede necesitar ayuda para gestionar estas conductas o posibles conflictos no dudes en contactar con nosotros.

Ana Gómez Peña

Ana Gómez Peña

Psicóloga especializada en niños, adolescentes y adultos.
Graduada en Psicología por la Universidad Pontificia de Comillas, y cuenta con 2 títulos de Máster en Psicología General Sanitaria y Terapia Cognitivo-Conductual con Niños y Adolescentes, otorgados por esta misma universidad.

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