Asertividad: 10 consejos para ser asertivos

La asertividad es la capacidad que nos permite expresar nuestra opinión, nuestros sentimientos, deseos y defender nuestros derechos. También nos permite realizar sugerencias a los demás pero siempre respetando sus necesidades y derechos. Siempre haciéndolo de manera calmada sin sufrir ansiedad y sin ser agresivos.

Es cierto que, de manera natural, hay personas más asertivas que otras. La asertividad forma parte de su personalidad. Pero también es cierto que se trata de una capacidad que se puede entrenar y por lo tanto mejorar.

¿Cómo puedo conseguir ser más asertivo?

1. Fíjate objetivos pequeños.

Para empezar, es mejor fijarse metas pequeñas que nos vayan proporcionando confianza y seguridad. Por ejemplo, puedes empezar a manifestar tu opinión sincera con tu familia, amigos o pareja. A medida que te vayas sintiendo cómodo en esas situaciones ve aumentando la dificultad.

2. Reemplaza los pensamientos negativos.

En numerosas ocasiones, cuando nos negamos ante las peticiones de otras personas nos sentimos mal y nos juzgamos de manera negativa.  Por ejemplo, tu madre te pide que le acompañes a hacer un recado y tú ese día no puedes porque tienes mucho trabajo. Reemplaza el pensamiento de “Soy un mal hijo/a por no acompañarla” por “Hoy me es imposible ir por motivos laborales, pero si quiere podemos buscar otro momento que se ajuste a ambas necesidades”.

3. Aprende a decir NO.

Es muy importante saber decir que no, negarse a algunas peticiones y poner límites. Eso no significa ser egoísta, maleducado o desconsiderado. Si no se tiene la costumbre, al principio puede resultar muy difícil. No obstante, no podemos supeditar nuestras necesidades a las de los demás. Veamos un ejemplo:

-¿Te apetece quedar a tomar algo esta noche?

-No, necesito descansar.

-Venga, anímate, será algo rápido.

-Hoy no, pero si quieres podemos quedar otro día.

4. Entiende que la gente no lee la mente

Las personas pasivas tienden a caer en este error. Creen que los demás individuos saben cuáles son sus necesidades o se percatan de qué les molesta o le duele sin tener que decirlo. Un ejemplo muy típico que observamos en terapia de pareja es “Si me quiere y me conoce debería saber lo que necesito cuando…”. Pero, esto no es así, la gente no sabe leer la mente, ni tan siquiera después de años de relación o matrimonio.

5. Expresa tu opinión, tus necesidades y tus emociones.

Por lo tanto, como hemos visto en el consejo anterior, para que los demás sepan que necesitamos, qué nos ocurre o cómo nos sentimos debemos expresarlo.

Una de las bases de la asertividad es la comunicación. En nuestra sociedad estamos muy acostumbrados a expresar emociones como la alegría pero no tanto a manifestar otras como el enfado o la tristeza. Es importante expresar nuestras emociones, pero no solo eso sino que también hay que exponer que queremos conseguir, qué pensamos o qué necesitamos. A continuación un ejemplo muy típico, cuando alguien nos pregunta:

-¿Qué te pasa?

-Nada.

En lugar de contestar, “nada” podemos decir:

-Estoy enfadada, porque no he obtenido la respuesta que esperaba. Ahora prefiero no hablarlo, si quieres lo hablamos en un rato.

6. Evita largos discursos, sé claro, breve y directo.

Algo que ayuda a ser breve, claro y directo es pensar, ensayar o escribir lo que quieres decir. De este modo, es más fácil tener claro tu objetivo y trasmitírselo a los demás. Si no se tiene una idea clara de lo que se quiere exponer es muy fácil caer en discursos largos y tediosos, dónde el interlocutor pierde el punto de la conversación. Recuerda que no tienes que justificarte por expresar tu opinión, tus necesidades o tus decisiones.

Por ejemplo, en el ámbito laboral será más sencillo que en tu empresa te escuchen si tienes los objetivos claros de lo que quieres conseguir que si ocupas casi toda la reunión divagando.

7. Habla desde el “yo”.

Es un hábito muy común hablar desde el “tú” pero para tener una buena comunicación asertiva hay que hacer el cambio y hablar desde el “yo”. Pon el foco en ti, no en el otro. Lo vemos con un ejemplo:

Hablar desde el “tú”: “Eres muy invasivo, me estás agobiando.”

Hablar desde el “yo”: “A veces siento que me falta espacio y me agobio.”

 8. Ayúdate del lenguaje no verbal.

El lenguaje no verbal es casi más importante que lo que decimos. Así que, nos podemos ayudar de él mostrando seguridad a la hora de transmitir el mensaje. ¿Cómo podemos mostrar seguridad? Con una postura relajada, una expresión facial neutral, mirando a los ojos o manteniendo un tono de voz tranquilo.

9. Evita los juicios de valor.

Intenta no hacer valoraciones, si alguien se equivoca se puede expresar pero sin entrar en juicios de valor. Es muy fácil caer en ellos cuando exponemos quejas incluso peticiones u opiniones.

En ocasiones puede ser útil meter estos comentarios que pueden resultar desagradables entre dos frases positivas. Esto hará que el mensaje sea recibido de mejor grado.

Juicio de valor: “Este vestido te queda mal.”

NO juicio de valor: “El color es precioso. Pero, creo que ese corte no te favorece. El anterior me gustaba más.”

10. Trata de mantenerte calmado

Ante determinadas emociones, es mejor esperar a contestar y respirar que hacerlo desbordados por la emoción y con escaso control sobre lo que decimos. Las respiraciones, contar hasta 10 para contestar o retirarnos si es necesario nos puede ayudar.

Puede resultar complicado de llevar a cabo al principio, pero con el tiempo se va convirtiendo en un hábito del comportamiento. Uno de sus beneficios es que fomenta la expresión de opiniones, emociones, necesidades y quejas. Todo ello de una manera en qué no dañamos al otro, le respetamos y obtenemos una mejor respuesta.

Si has intentado poner en práctica estos consejos sin éxito y no consigues mejorar tu capacidad asertiva, en Cláritas te ofrecemos nuestra ayuda profesional para conseguirlo.

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Olga Fernández-Velilla Lapuerta

Olga Fernández-Velilla Lapuerta

Psicóloga General Sanitaria y Especialista en Terapia Familia
Olga Fernández-Velilla Lapuerta, graduada en Psicología por la Universidad Abat Oliba CEU y Psicóloga General Sanitaria y Especialista en Terapia Sistémica Familiar por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid). Ha trabajado en diferentes ámbitos, especialmente con familias y ha investigado sobre la relación entre los pacientes que requieren cirugía bariátrica y la presencia de psicopatología y sobre el uso problemático de las nuevas tecnologías.