Todo sobre la vigorexia

Las personas que padecen vigorexia tienen una imagen corporal distorsionada en la que se perciben a sí mismos como lo no suficientemente musculosos o fuertes, siendo un padecimiento que se asocia comúnmente con levantamiento de pesas compulsivo y alteraciones dietéticas destinadas a lograr un mayor volumen muscular.

De este modo, en este artículo te explicaremos qué es la vigorexia, así como cuáles son sus síntomas, causas y tratamiento.

¿Qué es la vigorexia?

La condición conocida como vigorexia y médicamente denominada dismorfia muscular, es un trastorno mental caracterizado por tratarse de una preocupación excesiva por ganar masa muscular.

Esta no es estrictamente un trastorno alimentario, pese a que comparte con afecciones como la anorexia, dado que se experimenta una preocupación obsesiva por la imagen corporal, así como una distorsión del esquema corporal.

Asimismo, esta se diferencia de los trastornos alimentarios en el hecho de que es mucho más frecuente en los hombres y puede surgir un poco más tarde, alrededor de los 18 años.

Síntomas de la vigorexia

En lo que respecta a los síntomas de la vigorexia, los más comunes son los siguientes:
1. Preocupaciones por estar débil o carecer de masa muscular

El síntoma más importante que caracteriza el trastorno de vigorexia consiste en una preocupación constante por la debilidad física o la falta de musculatura. Esta preocupación se asemeja a una obsesión y consume una cantidad importante de tiempo.

En este sentido, estos pensamientos generan ansiedad, lo que lleva a las personas a adoptar conductas destinadas a aliviarla. Dichos comportamientos pueden incluir hacer ejercicio en exceso, así como consumir suplementos proteicos u otras sustancias, que contribuyen a la aparición de los síntomas de este trastorno.

2. Distorsión en la percepción objetiva de la imagen corporal

Las personas con dismorfia muscular son incapaces de reconocer que lo que ven en el espejo no es objetivo y, por lo tanto, no refleja la realidad.

Por ello, en el tratamiento de la dismorfia muscular es crucial brindar una psicoeducación integral y explicar la naturaleza de su condición a la persona, es decir, cuál es el origen de sus pensamientos y ansiedad, así como el papel que juegan sus conductas.

3. Pensamientos intrusivos persistentes y recurrentes

Estos pensamientos giran a menudo acerca de sentimientos de insuficiencia, debilidad e insignificancia, además de experimentarse preocupaciones por el hecho de pensar en alterar la apariencia física.

Los ejemplos incluyen pensamientos como “soy pequeño”, “soy demasiado débil”, “no soy lo suficientemente fuerte”, “debería dedicar más tiempo al ejercicio”, “tengo que consumir más proteínas”, “necesito ganar más peso en el gimnasio”, entre otros.

Estos pensamientos intrusivos, a su vez, pueden desencadenar ansiedad y depresión debido a las emociones desagradables que se evocan con respecto al cuerpo.

Al respecto, esto puede llevar a reflexionar y a quedarse atrapado en bucles repetitivos de los que es difícil liberarse, o que solamente pueden aliviarse momentáneamente mediante el ejercicio, conductas de búsqueda de tranquilidad como mirarse en el espejo o el consumo excesivo de alimentos ricos en proteínas.

Por otra parte, también se observa con frecuencia preocupación y control excesivos sobre la propia dieta, al igual que se hacen comparaciones con el cuerpo de otras personas.

4. Comportamientos de evitación

Dado que los individuos que padecen dismorfia muscular están muy preocupados por su apariencia física y, al mismo tiempo, están cohibidos, tenderán a evitar situaciones sociales en las que esté expuesto su físico, razón por la que es común observar que eviten las reuniones familiares, ir a la piscina o incluso usar cierto tipo de ropa.

Este tipo de comportamientos se adoptan para prevenir la ansiedad provocada por la exposición del cuerpo, pudiendo tener consecuencias, puesto que las personas pueden comenzar a descuidar áreas importantes de su vida, lo que a largo plazo puede ocasionar más problemas sociales y familiares.

5. Ejercicio físico excesivo

El ejercicio físico se convierte en el foco central de la vida de estos individuos, quienes pueden llegar a descuidar a la familia, los amigos e inclusive responsabilidades fundamentales como el trabajo.

Al igual que ocurre con las obsesiones, el problema es que la vida de la persona está completamente dominada por esta obsesión. Es importante distinguir entre preocupación y obsesión.

En el caso de la vigorexia, el individuo que la padece tiene la constante necesidad de hacer ejercicio, particularmente con mucho peso, para aumentar el tamaño corporal. Por lo tanto, una cantidad importante de tiempo se pasa en el gimnasio o en lugares donde se realizan estos ejercicios anaeróbicos.

De la misma forma, saltarse un entrenamiento o desviarse de la dieta genera sentimientos de culpa, lo que resulta en conductas compensatorias como consumir más proteínas o pasar más tiempo en el gimnasio al día siguiente.

6. Consumo y uso inadecuado de sustancias peligrosas

La utilización de hormonas suele ser más común en personas con vigorexia si se compara con los culturistas no vigoréxicos.

Estas sustancias están destinadas a potenciar la masa muscular, pero su consumo sin control médico puede tener efectos perjudiciales para la salud. Además, se abusa de los esteroides anabólicos y de los suplementos dietéticos que, al igual que las hormonas, pueden ser perjudiciales cuando se utilizan incorrectamente.

Posibles causas de la vigorexia

No hay una causa singular, ya que la vigorexia es una patología multifactorial que afecta a personas más vulnerables debido a tener una baja autoestima, mayor perfeccionismo, dificultades en las relaciones interpersonales y regulación emocional inadecuada.

De tal manera, más que hablar sobre causas de la vigorexia, lo ideal es considerarlas como factores de riesgo.

Factores de riesgo de la vigorexia

Algunos factores que pueden ejercer una influencia significativa en el desarrollo de la vigorexia son los siguientes:

Las personas que exhiben baja autoestima, un alto nivel de expectativas autoimpuestas y comportamiento inflexible tienden a ser más susceptibles a desarrollar dismorfia muscular.

Este padecimiento es particularmente evidente en individuos con personalidades obsesivas, especialmente cuando se dirigen a sí mismos, así como en aquellos que experimentan diversos desafíos emocionales en sus relaciones personales y profesionales.

Los individuos jóvenes con antecedentes de sobrepeso u obesidad durante la infancia tienen un mayor riesgo de desarrollar este trastorno.

Las personas que han sufrido experiencias infantiles de acoso o intimidación relacionadas con la apariencia física, pueden presentar síntomas de dismorfia muscular.

Consecuencias de la vigorexia

Con el tiempo, la condición de vigorexia da lugar a numerosas repercusiones, principalmente asociadas con el uso constante y frecuente de esteroides anabólicos junto con suplementos dietéticos elaborados a base de proteínas.

Estas consecuencias de la vigorexia incluyen insuficiencia renal o hepática, problemas circulatorios, ansiedad y depresión, además de cáncer de próstata y disminución de la función testicular, que pueden afectar negativamente a la fertilidad masculina.

Tratamiento de la vigorexia

El tratamiento de la vigorexia lo lleva a cabo un equipo multidisciplinar formado por médicos, psicólogos, nutricionistas y profesionales de la educación física, entre otros, siendo importante no subestimar la importancia de la psicoterapia en el tratamiento de la vigorexia, ya que su objetivo es fomentar la autoaceptación y mejorar la autoestima.

Por otro lado, también se recomienda suspender el uso de esteroides anabólicos y suplementos proteicos, adoptando una dieta equilibrada guiada por un nutricionista, así como se pueden recetar medicamentos a base de serotonina para controlar la depresión, ansiedad y otros de los síntomas asociados con el comportamiento obsesivo-compulsivo.

No se debe suspender la práctica de ejercicio físico; sin embargo, es fundamental realizarlo bajo la guía de un profesional de educación física.

Vigorexia en mujeres

El tratamiento de la vigorexia en las mujeres generalmente implica un enfoque multidisciplinario que puede incluir:

Evaluación médica y psicológica

Hay que realizar una evaluación exhaustiva para determinar qué tan grave es el trastorno y valorar posibles complicaciones psicológicas y físicas.

Terapia psicológica

La terapia cognitivo-conductual (TCC) es usada comúnmente en el tratamiento de la vigorexia. Sirve para ayudar a identificar y cambiar los pensamientos y comportamientos disfuncionales relacionados con la imagen corporal y la autoestima.

También puede incluir técnicas de exposición para ayudar a disminuir la ansiedad asociada con los aspectos específicos del cuerpo.

Asesoramiento nutricional

Trabajar con un dietista o nutricionista puede ayudar a determinar hábitos alimenticios saludables y abordar cualquier comportamiento alimentario desordenado que pueda estar presente.

Apoyo social

El apoyo de amigos, familiares y grupos de apoyo es invaluable en el proceso de recuperación. Sentirse comprendido y respaldado puede ayudar a las personas a enfrentar los desafíos asociados con la vigorexia.

Tratamiento médico

En casos graves, puede ser necesario el tratamiento médico para abordar complicaciones físicas relacionadas con el trastorno, como lesiones musculares, desequilibrios hormonales o problemas cardíacos.

Medicación

En algunas situaciones, se pueden recetar medicamentos, como antidepresivos o ansiolíticos, para tratar los síntomas de depresión, ansiedad u otros trastornos psicológicos asociados.

Es importante tener en cuenta que el tratamiento puede variar en función de las necesidades individuales que tiene cada persona, pudiendo precisar de un enfoque a largo plazo.

De tal modo, la recuperación de la vigorexia en las mujeres implica trabajar en la aceptación del propio cuerpo, cultivar una relación saludable con el ejercicio y la alimentación, así como abordar las preocupaciones subyacentes relacionadas con la autoestima y la imagen corporal.

Vigorexia en hombres

El tratamiento de la vigorexia en los hombres es similar al tratamiento en las mujeres y también implica un enfoque multidisciplinario.

A continuación, mencionaremos estrategias comunes utilizadas en el tratamiento de la vigorexia en hombres:

Evaluación médica y psicológica

Al igual que en las mujeres, es esencial realizar una evaluación exhaustiva para determinar la gravedad del trastorno y evaluar posibles complicaciones físicas y psicológicas.

Terapia psicológica

La terapia cognitivo-conductual (TCC) es ampliamente utilizada en el tratamiento de la vigorexia en hombres. Este enfoque terapéutico ayuda a identificar y cambiar los pensamientos y comportamientos disfuncionales relacionados con la imagen corporal y la autoestima.

La terapia también puede abordar los factores subyacentes que contribuyen a la vigorexia, como la baja autoestima o el perfeccionismo.

Asesoramiento nutricional

Al igual que en las mujeres, trabajar con un dietista o nutricionista puede ayudar a establecer hábitos alimenticios saludables y abordar cualquier comportamiento alimentario desordenado que pudiera estar presente.

Además, se puede proporcionar educación sobre la importancia de una nutrición adecuada para la salud y el rendimiento físico.

Apoyo social

Contar con el soporte por parte de amigos, familiares y grupos de apoyo puede ser fundamental en el proceso de recuperación. Al respecto, una red de personas comprensivas y solidarias puede ayudar a los hombres a enfrentar los desafíos asociados con la vigorexia y a mantener la motivación para buscar tratamiento.

Tratamiento médico

En casos graves, puede ser necesario el tratamiento médico para abordar complicaciones físicas relacionadas con el trastorno, tal como lesiones musculares, desequilibrios hormonales o problemas cardíacos.

Medicación

En algunos casos, se pueden recetar medicamentos, como antidepresivos o ansiolíticos, para tratar los síntomas de depresión, ansiedad u otros trastornos psicológicos asociados.

Es importante recordar que el tratamiento de la vigorexia en hombres requiere un enfoque personalizado y puede requerir un compromiso a largo plazo para lograr una recuperación completa.

Por lo tanto, para tener un adecuado proceso de recuperación, hay que trabajar en la aceptación del propio cuerpo, cultivar una relación saludable con el ejercicio y la alimentación, además de abordar las preocupaciones subyacentes relacionadas con la autoestima y la imagen corporal.

Así que si requieres de la ayuda de profesionales de la Psicología especialistas en Vigorexia, puedes contactar con alguno de nuestros expertos de Claritas, estaremos complacidos de brindarte la orientación y soporte que tanto necesitas en este momento.

FUENTES: 

  • https://www.redalyc.org/pdf/839/83970205.pdf
  • https://www.cienciadeporte.com/images/congresos/leon/salud,%20ocio%20y%20recreacion/gonzalezvigorexia.pdf
  • https://crea.ujaen.es/bitstream/10953.1/10627/1/TGF_IgnacioGimnez_dismorfia_corporal_vigorexia.pdf
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