Aunque caigan las hojas, el árbol siempre seguirá de pie ¿Cómo nos afecta el otoño?

Llega el otoño y con él los cambios.  ¿Alguna vez te has sentido con menos energía cuando llega septiembre? ¿Quizás te has sentido más triste? ¿Has sentido que tenías más ganas de pasar tiempo a solas? ¿Ha aumentado tu apetito? ¿Tienes somnolencia?

Cuando llega el otoño los días son más cortos y grises, tenemos que volver a la rutina, es habitual que la carga de trabajo aumente y cada vez hay menos luz. Somos muchos los que vemos afectado nuestro estado de ánimo a causa de la luz. Los días con un sol resplandeciente suelen ser “días alegres” y los nublados y lluviosos “días tristes”. Por este mismo motivo es probable que durante las vacaciones hayamos buscado lugares soleados ¿verdad?

En cambio, ahora empiezan los días oscuros y no es raro escuchar que estos días son deprimentes ¿por qué decimos esto?

¿Hay alguna explicación para relacionar la luz con el estado de ánimo o simplemente nos estamos poniendo un poco dramáticos?

Pues efectivamente hay estudios que demuestran que la mayoría de los adultos experimentan cambios sutiles en el estado de ánimo, energía y sueño cuando llega esta estación. También se han realizado estudios con ratones que encuentran que aquellos que son expuestos a un déficit de luz son más propensos a padecer trastornos depresivos. Entonces ¿qué hace la luz en nuestro cerebro? En nuestro cerebro tenemos una hormona, la melatonina, que es segregada cuando estamos a oscuras. Esta hormona ayuda conciliar el sueño, pero también puede influir en nuestro estado de ánimo y apetito. Por otro lado, también se ha encontrado que a menor luz solar tenemos menores niveles de serotonina en el cerebro (la hormona del humor).

Por supuesto, el cambio de estación no afecta por igual a todo el mundo, pero hay personas que se muestran más sensibles y pueden desarrollan el Trastorno Afectivo Estacional (Season, Affective Disorder) el cual se conoce también como depresión estacional o depresión de otoño e invierno. Las personas que sufren este trastorno, a medida que los días se van haciendo más cortos y la exposición a la luz natural disminuye, desarrollan una serie de síntomas durante los meses de otoño a invierno. Durante el resto del año estos síntomas suelen atenuarse o desaparecer.

¿Qué síntomas están asociados a este trastorno?

Algunos de los síntomas que aparecen con la depresión de otoño son comunes a los cuadros depresivos no estacionales, entre ellos: tristeza, falta de motivación y energía, pérdida de autoestima, reducción de la capacidad cognitiva etc. Sin embargo, también aparecen otros síntomas que la diferencian de las depresiones no estacionales. En la depresión de invierno las personas tienden a ingerir mayores cantidades de comida, generalmente carbohidratos y suelen ganar peso. Por otro lado, se tiende a dormir más horas de lo normal.

¿Cómo podemos hacerle frente?

  • Aumentar la exposición a la luz natural, intentar dar paseos o hacer gestiones en las horas del día con más luz solar. Si tenemos que trabajar en una oficina o en casa, podemos intentar colocarnos cerca de una ventana para disfrutar de la luz natural.
  • Hacer ejercicio al aire libre y mantenernos activos.
  • Procurar dormir bien y de manera regular. Si ahora debemos acostarnos antes, tenemos que intentar no cambiar el horario de golpe, sino ir adelantando minutos cada día (por ejemplo: cada día nos acostamos 5-10 minutos antes).
  • Se debe de cuidar la dieta para que sea equilibrada y sana. Esta debe incluir alimentos como legumbres, cereales, carne y verduras.
  • Incentivar la vida social adaptándola a los horarios actuales.
  • Hacer actividades que nos gusten: pintar, escuchar música, leer un libro etc.
  • Proponer nuevos objetivos. Aunque se suele esperar a año nuevo para plantearnos nuevos objetivos hacerlo ahora nos puede ayudar a incrementar nuestra motivación y darnos energías para volver a la rutina.

Lo normal es que estos síntomas vayan desapareciendo a medida que el tiempo avanza y nuestro cuerpo se adapte a la nueva estación. El cuerpo a veces tarda una semana o dos en recuperar su ritmo habitual. No obstante, si este malestar persiste y se prolonga en el tiempo lo más recomendable es recurrir a un profesional.

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Celia Zamorano Batuecas

Celia Zamorano Batuecas

Graduada en Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid.
Psicóloga General Sanitaria en la Universidad de Comillas y especializada en Terapia Cognitivo-Conductual en población Infanto-juvenil. Experiencia en clínica y en evaluación y tratamiento de trastornos de aprendizaje.