¿Qué son los mandatos de género y qué repercusiones psicológicas tienen?

Más allá del sexo con el que nacemos – que hace referencia a nuestra condición orgánica: tener vulva o tener pene -, todas y cada una de las personas de este mundo vivimos un proceso de socialización diferencial que tiende a convertirnos en la persona que la sociedad espera que seamos. Por ejemplo, si tenemos vulva, el proceso de socialización influirá para que seamos mujer, femenina, sumisa, objeto de deseo y la disponibilidad del otro, buena esposa y madre… es decir, buenas mantenedoras de la familia, los cuidados y los afectos de los demás y, como conclusión, una buena mujer patriarcal.

El proceso de socialización diferencial consiste pues, en aprender lo que significa ser hombre y lo que significa ser mujer, a través de la interiorización de creencias, normas y valores culturales tradicionales. Sin embargo, ¿todas las mujeres deben vivir sin cuestionarse lo que la sociedad propone?, ¿todas deben sentirse cómodas y lograr encajar en este modelo social patriarcal?

 En el artículo de hoy hablaremos de cómo se relacionan aspectos como la salud mental y los mandatos de género, definidos por la Asociación de Mujeres para la Salud, como la normativa que se debería cumplir para acabar siendo una “buena mujer patriarcal”, es decir, aquella mujer que asume los roles y la posición social prevista para ella. Después de estudios realizados por esta misma asociación, se ha demostrado que el cumplimiento de estos mandatos específicos, se relacionan directamente con malestares psicológicos, reconocidos como “malestares de género”.

A continuación, se nombrarán tres de los muchos mandatos específicos que existen de las mujeres, reconocidos por la Asociación de Mujeres para la Salud, y los malestares psicológicos que pueden conllevar.

Mandatos de género específicos de las mujeres y repercusiones psicológicas

  • El aprendizaje de “ser y estar” para los demás. Es decir, aprender que cubrir las necesidades y los deseos de los otros es más importante que atender los propios. Se deja a un lado el “yo individual”, a favor del “yo para los demás”, quedando disponible para el cuidado, la comprensión y el apoyo emocional ajeno.

    Como consecuencia, la autoestima depende, en gran medida, de la mirada y las opiniones de los demás, lo que genera un malestar relacionado con la inseguridad, el miedo y la dependencia hacia los otros.

  • La educación en el amor pone el foco en una serie de mitos románticos. La sociedad hace creer que, el hecho de tener pareja para toda la vida es una necesidad vital (entre otras cosas) e, incluso, gran parte de la energía se invierte en esto porque, sino, una mujer sin amor es una mujer fracasada. El amor se convierte en lo más importante y requiere una entrega exclusiva y total.

    La consecuencia es una búsqueda de amor frustrada, sentimiento de fracaso, depresión e inutilidad, altos niveles de exigencia, tolerancia elevada hacia comportamientos egoístas, injustos y/o violentos que pueden derivar en patrones de dependencia, desigualdad, maltrato, incluso la muerte.

  • El control externo sobre el cuerpo estético y sexual. Existe un canon de belleza en cada momento y a la mujer se le hace creer que, si no pertenecen a él, es imperfecta y ha de adornar, corregir o cambiar su cuerpo. Esto tiene una incidencia directa en la cosificación del cuerpo o la imagen para fines que no la dignifiquen ni como mujer, ni como ser humano, convirtiéndose en un objeto sexual.

    Además, se entiende que una mujer es sexualmente buena cuando lo es para que un hombre disfrute. En la mayoría de casos, se utiliza la pornografía como referencia en los encuentros íntimos sexuales, donde se relacionan directamente la violencia con el placer y la sumisión de la mujer como complacencia hacia el hombre dominante.

    La consecuencia es una insatisfacción corporal constante, sentimientos de frustración y culpa, el desconocimiento del propio placer, de las zonas erógenas y la expresión de la sexualidad propia, además de la búsqueda de seguridad a través de la complacencia.

Como conclusión, el proceso de socialización, la educación sexista, la maternidad, la no equidad entre oportunidades laborales exitosas, la carga de trabajo, la hipersexualización, la tasa rosa, la brecha salarial, el techo de cristal, el racismo… Son sucesos que se dan en la sociedad patriarcal y que apuntan a una desigualdad entre hombres y mujeres, provocando todos estos malestares que se han mencionado.

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María Jiménez Cortés

María Jiménez Cortés

Psicóloga General Sanitaria y especialista en Terapia Humanista y Psicoterapia Focalizada en la Emoción por la Universidad Pontificia de Comillas
Experta en Terapia Emocional Sistémica. Ha trabajado en diferentes ámbitos, en concreto acompañando a adolescentes y adultos. También ha investigado sobre relaciones no monógamas, apego y género.