Dependencia de sustancias

¿Qué es?

La dependencia de una o varias sustancias es cuando la persona afectada presenta una preocupación excesiva en poder consumir, invirtiendo un tiempo notable en conseguirla y consumirla; lo cual acaba interfiriendo considerablemente en su vida. Además, se caracteriza por un consumo abusivo aun conociendo los efectos adversos que tiene sobre su salud.

Se trata de una problemática donde el riesgo de recaída es muy alto. Las drogas de mayor consumo en la adolescencia son el tabaco, el alcohol, el cannabis y las sintéticas (aunque con mucha mayor prevalencia las dos primeras).

El proceso por el cual la persona va desarrollando una dependencia es gradual, pasando del uso al abuso y, de este último, a la dependencia:

  • Hay una primera fase en que la sólo se hace un uso muy poco frecuente de la sustancia con el objetivo de experimentar sus efectos. Aquí el objetivo es divertirse y alterar su estado de ánimo. No hay interferencia en su vida.
  • De aquí, es posible subir de nivel, donde el consumo sigue siendo recreativo, pero más regular. Aquí el joven, poco a poco, va ganando tolerancia, por lo que cada vez necesita más cantidad para conseguir el mismo efecto.
  • Si el proceso avanza, se pasa a un nivel donde la droga ya no se usa a modo recreativo, sino que empieza a convertirse en una motivación central en su vida. La rutina del joven empieza a girar entorno a la sustancia, dejando atrás a personas o actividades que antes eran elementales en su vida.
  • Y, finalmente, se llegaría a un estado de dependencia absoluto donde la droga es necesaria para no sentirse mal.

¿Cuáles son los síntomas?

Los efectos adversos no dependen exclusivamente de la sustancia. Se trata de una interacción entre la droga, la persona que las consume y su ambiente. No obstante, hay una sintomatología que puede darse de manera común a todas. Sin embargo, es preciso recalcar que la existencia de uno o algunos de estos síntomas no es condición para asumir una dependencia. Ni tampoco podemos concluir que, por el hecho de padecer una dependencia, vayan a darse estos factores. Solo estamos ante posibles indicadores:

  • Pérdida de higiene, de apetito, de autocuidado…
  • Ojos enrojecidos o pupilas alteradas, nariz irritada…
  • Estados repentinos de somnolencia, cansancio continuo…
  • Afectación de sus áreas vitales: nuevas amistades, empeoramiento del rendimiento escolar, cambios de estética…
  • Problemas en casa: negativismo, agresividad, aislamiento…
  • Promiscuidad sexual y conductas sexuales de riesgo con las consecuencias que ello conlleva.
  • Mayor tendencia a accidentes
  • Actos delictivos, violencia, lesiones…

Además, puede derivar en episodios de ansiedad, alteraciones del estado de ánimo, alteraciones del sueño, disfunciones sexuales, trastorno psicótico y trastorno amnésico, entre otros.

Para terminar, es preciso insistir en la diferencia entre abuso y dependencia. El abuso sería el paso previo, y se da cuando:

  • Se consume de manera muy frecuente y eso interfiere en la vida de la persona
  • A pesar de los problemas que le genera en sus áreas vitales, a nivel legal y en su salud, la persona sigue consumiendo

Mientras tanto, la dependencia es un salto cualitativo. Es cuando:

  • Tras haber pasado por la fase de abuso, la persona se mantiene en esa tendencia y sigue consumiendo a pesar de las consecuencias que conlleva
  • Cada vez necesita más cantidad. Estamos ante una tolerancia muy alta.
  • Hay episodios de abstinencia. Cuando la persona no consume se siente mal. Empieza a consumir para evitar sentirse así.
  • Invierte gran parte de su tiempo en conseguir y consumir la sustancia. Empieza a dejar atrás actividades, amigos, obligaciones…
  • Hay episodios sin éxito en los que se intenta cortar con el consumo.

¿Cuáles son las causas?

Como en todas las problemáticas, no podemos explicar una dependencia desde una única causa. Entran en juego multitud de factores que interaccionan entre sí:

  • Genética: por ejemplo, hay genes que nos hacen estar más predispuestos a la búsqueda de sensaciones. Esto, en combinación de factores más ambientales, puede ser muy condicionante de cara a una dependencia.
  • Factores psicológicos: creencias sobre las drogas, sustancias como estrategia de “automedicación” para otros problemas de base, rasgos de personalidad, aprendizaje, estrategias de afrontamiento, aptitudes…
  • Factores familiares: eventos vitales, dependencia de algún familiar, tolerancia del consumo, estilos de comunicación…
  • Factores sociales: aceptación del consumo en la sociedad, por ejemplo.

¿Cómo se puedes tratar?

Dado que suele haber una escasa motivación al cambio, el primer objetivo será precisamente trabajar en una toma de conciencia del problema. Es fundamental que reconozca y esté dispuesto a trabajar. Añadir que, aunque nos basaremos en estrategias de intervención reconocidas desde la investigación científica, el abordaje también se adaptará a las necesidades individuales de la persona y la familia demandante del tratamiento.

A partir de ahí, debemos servirnos de una serie de estrategias que disminuyan las probabilidades de consumo. Se detectarán ambientes y situaciones que hacen más probable el acceso y el uso de la droga en cuestión. Detectando este tipo de variables ambientales logramos disminuir las probabilidades de acceso a la sustancia. En esta línea, involucrar a su familia y contexto será de vital importancia.

Paralelamente, será fundamental dotar a la persona de todo tipo de estrategias de afrontamiento del estrés, de solución de problemas y habilidades sociales. Además, dado que el consumo está muy vinculado a su estilo de vida, una parte nuclear del tratamiento será explorar intereses alternativos y elaborar un plan de acción para acercarse hacia esos hábitos más saludables. Es decir, buscaremos una rutina que actúe como sustituta a la del consumo.

Por supuesto, será muy importante tener planificado una secuencia de actuación para situaciones de riesgo de consumo. Es decir, dotarle de recursos para manejar este tipo de adversidades.

Además, deberemos trabajar desde una parte más cognitiva para así modificar las creencias asociadas a las sustancias, al consumo y a la abstinencia. En esta línea, enfatizaremos en que la recaída puede darse, pero esta ha de ser considerada parte del proceso. Este aspecto será fundamental para que entienda que no ha vuelto al punto de inicio.

Y, por supuesto, es esencial una clarificación de su proyecto vital. Si queremos conseguir que los objetivos se mantengan en el tiempo, el cambio de vida ha de ser profundo.

Consejos

  • Suele haber dependencia a más de una sustancia: hay que intentar detectar cual es la droga de preferencia.
  • Dado que es muy probable que inicialmente su motivación al cambio sea baja, debemos estar atentos a posibles engaños.
  • La comunicación es esencial. Hay que entrenar la empatía y la asertividad.
  • No solo hay que quedarse en un nivel superficial en el cual nos centramos únicamente en que no consuma. Su dependencia va muy asociada a su estilo de vida. Por ello, el cambio ha de ser profundo. Tenemos que encontrar sustitutos saludables a la sustancia.
  • Empecemos a diferenciar entre caída (vuelve a consumir una vez) y recaída (vuelve a la rutina de consumo)
  • Ponte en contacto con un profesional

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Carlos Sánchez Polo

Carlos Sánchez Polo

Psicólogo especializado en niños, adolescentes y población joven
Carlos Sánchez Polo, graduado en Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid. Psicólogo General Sanitario en la Universidad de Comillas y especializado en Terapia Cognitivo-Conductual en población Infanto-juvenil. Experiencia en diferentes clínicas, en el ámbito escolar y colaboración como terapeuta en programas de reinserción de hombres penados por delitos de Violencia de género.