¿Cómo gestionar un divorcio de la manera menos dañina?

El divorcio es una de las experiencias que más dolor puede provocar en una familia (tanto a padres como hijos). Es un duelo que suele venir acompañado de disputas y desavenencias entre los progenitores y sentimientos de culpabilidad y confusión en los hijos. Por eso, es importante seguir una serie de pautas y guías para que esta situación sea lo menos dolorosa posible.

Los divorcios o separaciones pueden producirse por numerosos motivos: puede ser un único miembro el que por su propia decisión decida romper la pareja, puede ser por alguna conducta o comportamiento de su pareja o puede ser una decisión consensuada entre ambos miembros. Lo que es importante entender es que mas allá de las “culpas” que suelen traer conflictos y reproches continuos, hay que hablar de responsabilidades. Cada miembro tendrá que hacerse cargo de distintos asuntos, pero siempre tendrán una responsabilidad común: como puede actuar cada uno de ellos de manera individual para que el proceso de divorcio sea manejable y saludable.

A parte de tener claro la responsabilidad individual y común de la pareja, es importante que puedan consensuar y concretar una serie de normas y aspectos a raíz de la ruptura. Sobre todo, si hay hijos en común.

Los dos miembros de la pareja deber ser capaces de tomar decisiones y anticipar las consecuencias de sus acciones y emociones, y de prever como estas influirán a su vez en las conductas y emociones de sus hijos. Por eso, animamos a que, si la pareja encuentra especialmente difícil poder aclarar estos asuntos, busquen ayuda de un mediador (abogado o psicólogo) o de un terapeuta de pareja que pueda orientar en la separación.

En cuanto al manejo de la situación con los hijos es importante destacar varias cuestiones:

  • Aunque la pareja se disuelva, la familia sigue existiendo. Los hijos e hijas no se divorcian y no tienen por qué perder la relación con ninguno de sus progenitores.
  • Es importante que los hijos e hijas no se encuentren en medio del conflicto de la pareja, y que no se les haga tomar parte en ninguno de los enfrentamientos. Así como, también es fundamental que ninguno de los miembros de la pareja comente aspectos negativos del otro y que los hijos o hijas sean testigos.

Lo más perjudicial para ellos no es el divorcio sino el conflicto entre sus padres

  • Es necesario que los hijos e hijas puedan entender lo que está pasando. Dar una explicación usando un lenguaje adaptado a ellos, sin mentir, pero sin incurrir en comentarios negativos y despectivos sobre la pareja y sin señalar culpables o inocentes en lo que está pasando.

  • Aportar en la medida de lo posible seguridad en la decisión tomada y buen manejo de una circunstancia delicada. Eso en un futuro servirá a los hijos/as de modelo de actuación. No consiste en presentar la situación de manera irreal y de ocultar todos los problemas o las emociones que se experimentan.
  • También es conveniente que vean una comunicación cordial y fluida entre los progenitores y que entiendan cómo va a ser la organización familiar a partir de ese momento: dónde va a vivir cada progenitor, qué actividades van a seguir haciendo y cómo pueden contactar con cada uno de ellos… Es vital que la ruptura de la pareja no sea un tema tabú para las hijas e hijos y se sientan libres de poder resolver sus dudas, peticiones y comuniquen las emociones negativas que les surgen a raíz de la separación.
  • Facilitar el contacto con las familias extensas de cada uno: abuelos/as, tíos/as y primos/as deben seguir siendo una constante en la vida de los hijos e hijas.
  • Favorecer la coparentalidad, es decir, la capacidad de negociación entre los dos progenitores para tomar decisiones sobre la crianza, normas, disciplina, límites, actividades… Si bien la coparentalidad es fundamental, entendemos que en ocasiones no es posible. En ese caso, es importantes que ambos miembros de la pareja tengan claro que sus modos de crianza probablemente choquen y que sus hijos actuarán de maneras dispares en función de lo que vayan aprendiendo de cada uno. Serán crianzas en paralelo y por ello será mejor que los encuentros entre ambos se minimicen al máximo para no incurrir en enfrentamientos.

Por último, es importante no minimizar las emociones dolorosas que se experimentan durante todo el proceso. Esta separación hace que se viva obligatoriamente una adaptación a la nueva situación y al nuevo rol. Por ello animamos a que durante esta etapa ambos miembros de la pareja se rodeen de amistades o familiares y realicen actividades de autocuidado.

 

Si crees que esta situación te está superando, en Cláritas podemos ayudarte. Contamos con diversos terapeutas especializados que podrán acompañarte en este proceso.

Ana Rodrigo Rico

Ana Rodrigo Rico

Psicóloga especializada en terapia familiar y de pareja.
Graduada en Psicología por la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid, donde estudió también el Máster de Psicología General Sanitaria y el Máster de especialización en Terapia Familiar Sistémica.