Gestión emocional niños

6 consejos prácticos para enseñar a tu hijo una gestión emocional saludable

Los beneficios de una buena gestión emocional en niños de cara al futuro son numerosos. Saber gestionar emociones es clave para la prevención de problemas de índole psicológica como la depresión o la ansiedad. Al mismo tiempo, una mejor gestión de las emociones va a ayudar a nuestros hijos a la hora de relacionarse con otros compañeros de su edad. A partir de los 2 años los niños ya cuentan con los suficientes recursos mentales como para poder ser educados en materia de inteligencia emocional, así que aquí tienes algunos consejos acerca de cómo hacerlo.

Aplicarnos a nosotros mismos los consejos

El primer paso para poder transmitirle a un niño una buena gestión emocional es que los padres también aprendan a reconocer y a gestionar sus propias emociones. No podemos exigirle a ellos una tarea que nosotros mismos no somos capaces de hacer. La gestión emocional se aprende del mismo modo que aprendemos cualquier otra habilidad: a base de observación y práctica. Por tanto, si en casa un niño siempre ve a sus padres enfadarse de manera desproporcionada ante pequeños imprevistos, difícilmente va a poder tomarles como modelo para aprender a regular sus propios enfados.

Enseñarles las emociones básicas

Enseñar en inteligencia emocional, tal y como hemos establecido, no es diferente a enseñar cualquier otra materia. Al igual que les enseñamos los números y los colores a nuestros hijos con la ayuda de sus profesores, podemos enseñarles acerca de las emociones a través de libros, cuentos y actividades sencillas. Una tarea muy simple que podemos hacer es emparejar dibujos de personas expresando diferentes emociones con sus caras y al mismo tiempo nombrar la emoción hasta que la aprendan. Si son muy pequeños, podemos empezar simplemente por las emociones básicas, como por ejemplo enfado, alegría, tristeza y miedo. Más adelante, podemos empezar a introducir emociones más complejas como la vergüenza, el asco o la sorpresa.

Nombrar las emociones cuando aparezcan

Cuando tu hijo tenga un berrinche, no te limites a regañarle por ello. Ayúdale a nombrar la emoción que está sintiendo. Las emociones a veces nos sobrepasan y puede ser una experiencia muy angustiante y confusa para un niño. Se trata de devolverle a tu hijo lo que está sintiendo de una forma que sea más entendible. Por ejemplo, si tu hijo empieza a llorar en el supermercado porque no puede llevarse unas galletas, puedes decirle: “Sé que estás triste porque quieres las galletas de colores, pero te dije antes de entrar que solo íbamos a comprar leche”. Verbalizar lo que están sintiendo les ayuda a comprender lo que les pasa, lo cual será útil de cara a que reconozcan la emoción antes y puedan gestionarla.

Validar la emoción, marcando siempre los límites

Al mismo tiempo que nombramos la emoción, es muy importante validarla. Validar significa dar permiso para que puedan sentir esa emoción. Validar es importante ya que hay emociones que están menos aceptadas socialmente como por ejemplo el enfado o la tristeza. Esto hace que de mayores tendamos a reprimirlas más y tengamos una peor gestión emocional. Por eso, cuando tu hijo se enfade con su hermano porque le ha quitado un juguete, en lugar de gritar o de enfadarte con él, puedes probar a decir algo así como: “He visto que Juanito te ha quitado tu camión, debes de estar muy enfadado. Yo también lo estaría si me quitaran algo, pero no puedes pegar a Juan”. De este modo les enseñamos que toda emoción está permitida, pero que al mismo tiempo hay unos límites que no se deben sobrepasar y que no está permitido agredir.

Reconocer las emociones en otras personas

Comprender mejor el mundo emocional de otras personas también forma parte de una buena inteligencia emocional. A partir de los 4 años, los niños empiezan a desarrollar mejor la capacidad de la empatía. Antes de esta edad, es normal que los niños sean egoístas, ya que todavía no tienen las habilidades mentales para ponerse en el lugar del otro. Pero sigue siendo importante que les ayudemos a reconocer las emociones en otras personas. Para ello, puedes ayudarte de películas o dibujos animados. Por ejemplo: “Vaya, Elsa ya no puede estar con su hermana. Parece que está bastante triste, ¿no?”.

También a la hora de preguntarles acerca de su día en el colegio, podemos ayudarles a rellenar información acerca de lo que les ha sucedido explicándoles cómo se pudo haber sentido la otra persona. Al mismo tiempo, ayuda mucho si les ofrecemos explicaciones acerca de lo que ocurre en casa. Si por ejemplo has tenido un día difícil y te encuentras más estresado de lo normal y has gritado a tu hijo, no hagas como si nada ha pasado. Aprovecha la oportunidad para explicarle a tu hijo que estabas enfadado, pero que ahora ya se te ha pasado y que sientes mucho haberle gritado. Pedir perdón no te resta autoridad, al contrario, les enseña que todos nos equivocamos y que podemos rectificar si no hemos podido gestionar bien nuestras emociones.

Enseñarles estrategias de regulación emocional

A veces, las emociones nos desbordan. Por eso es importante que les enseñemos algunas estrategias para regular su estado de activación. Enseñarles a respirar lentamente es probablemente uno de los recursos más útiles que podemos darles. Para que respiren de manera pausada les podemos decir que soplen por la boca como si estuvieran hinchando una pompa de jabón, o como si estuvieran soplando por una pajita. Otras cosas que pueden probar a hacer son escuchar música, abrazar un peluche o colorear un dibujo. Se trata de que ellos mismos vayan viendo qué estrategias saludables tienen a la hora de lidiar con esas emociones, para que así no tengan que recurrir a estrategias insanas cuando se sientan desbordados en el futuro.

 

Si te gustaría poder tu gestión de emociones, o si consideras que tu hijo/a necesita ayuda psicológica, en Cláritas contamos tanto con psicólogos infantojuveniles como con psicólogos con experiencia en inteligencia emocional en adultos.

Alejandra de Pedro

Alejandra de Pedro

Psicoterapeuta humanista
Alejandra de Pedro González, graduada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid. Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Pontificia de Comillas. Máster en Terapia Humanista Experiencial y Terapia Focalizada en la Emoción por la Universidad Pontificia de Comillas.