La desconfianza ¿es tu aliada o tu enemiga?

Cuando hablamos de desconfianza, hablamos necesariamente de la inexistencia de confianza. Y, ¿en qué consiste la confianza? Para comprenderlo mejor vamos a imaginarla como una gran casa que se apoya sobre tres pilares.

  1. Seguridad. El primer pilar consiste en la seguridad y en todas las facetas que esta puede tener: seguridad en uno mismo, en los demás, en el futuro, en el modo de actuar y decidir, etc.
  2. Familiaridad. El segundo pilar es todo aquello que, por algún motivo nos hace contactar y sentirnos cercanos. La misma sensación que cuando, entre una multitud de gente, ves un rostro conocido y familiar.
  3. El tercer pilar tiene que ver con la esperanza que depositamos y que nos transmite aquello que nos importa: un proyecto, una persona, un viaje, etc.

Por lo tanto, la desconfianza conlleva necesariamente que uno de estos tres pilares fundamentales se derrumbe: sentir que algo o alguien no es seguro, comenzar a sentirlo como extraño o desconocido para nosotros o perder la esperanza en ello.

El sentimiento de desconfianza suele activarse en nosotros como si fuese una “intuición”. Nos pone en alerta y nos avisa de que algo no cuadra o es peligroso para nosotros.