La teoría del apego en la psicoterapia

Se podría decir que en la actualidad, la psicología es como una gran torre de Babel. Existen muchas corrientes, teorías, modelos, cada uno de los cuales habla un idioma totalmente diferente, incluso plantean formas diferentes de abordar el proceso terapéutico. La terapia cognitivo-conductual, el humanismo, el psicoanálisis o la terapia sistémica plantean intervenciones y focos de intervención radicalmente distintos.

Aunque existen perspectivas y abordajes integradores, es cierto que el esfuerzo teórico que esto supone, suele ser titánico. Teniendo todo esto en cuenta, parece difícil imaginar una teoría que pudiera ser aceptada unánimemente por todas estas corrientes. Una teoría inequívoca, que definiese una realidad palpable con tanta claridad y sencillez, que fuera a grandes rasgos, innegable. A pesar de que parezca difícil, esa teoría existe, es la teoría del apego.

¿Qué es la teoría del apego?

Imaginemos que una madre está jugando en una habitación con su hijo, o simplemente mirando mientras su hijo juega. Imaginemos ahora que la madre tiene que salir de la habitación para atender una llamada, o a alguien que acaba de llamar a la puerta. ¿Cómo nos imaginamos que reaccionará el niño?, ¿Cómo se comporta cuando la madre no está presente? Tal vez nos imaginamos que el niño se pone a llorar, a lo mejor intenta ir a buscarla, o tal vez siga jugando como si nada hubiera pasado. Esto que acabamos de imaginar es algo muy parecido a lo que se ha llamado “el experimento de la situación extraña”, llevado a cabo por Mary Ainsworth y Silvia Bell en 1965.

¿Qué descubrieron estas investigadoras tras visionar horas y horas de video? Que los niños adoptaban diferentes conductas ante la ausencia de la madre. Tras un exhaustivo estudio llevado a cabo en los hogares de estas familias, se dieron cuenta de que esta diferencia en la conducta, se debía al tipo de vínculo que estos niños habían establecido con sus madres, en base a la confianza y a la seguridad que las madres eran capaces de reflejar en sus hijos. De este modo, descubrieron tres tipos de apego:

  • Estilo de apego seguro: observado en aquellos niños que usan a la madre como una base segura desde la que explorar, en su ausencia, los niños jugaban con menor intensidad, esperando a su vuelta para seguir explorando, pero sin generar gran revuelo.

  • Estilo de apego inseguro ansioso-ambivalente: era presentado por aquellos niños que, en ausencia de la madre, eran incapaces de continuar jugando, mostrándose muy afectados por la marcha de la madre. A su vuelta estos niños y niñas desplegaban conductas mixtas de enfado, evitación y búsqueda de afecto por parte de la madre.

  • Estilo de apego evitativo: que presentaban aquellos niños y niñas que en ausencia de la madre seguían jugando, sin reparar aparentemente en la ausencia de la madre, como si no importara en absoluto.

Más tarde, otras investigadoras llamadas Mary Main y Judith Solomon, volvieron a visionar los videos de este experimento. En estas grabaciones, descubrieron un cuarto estilo de apego, el llamado estilo de apego desorganizado. Este estilo de apego se caracteriza por la presencia de conductas erráticas, autoagresivas, o poco definidas en lo que respecta a su motivación. Niños que, por ejemplo, ante la ausencia de su madre se golpeaban en la cabeza, o que a su vuelta no tenían claro si ir a su encuentro o evitarlo, dando como resultado una conducta de confusión y de parálisis.

¿Qué tipo de vínculo da lugar a qué estilo de apego?

Lo que se expone a continuación hay que tenerlo en cuenta como parte de un continuo y como una generalidad, no existen estilos parentales rígidos, no todos son clasificables en tres tipos, cada cuidador y cada niño es un mundo.

Se ha definido, que los cuidadores de los niños que presentan un estilo de apego ansioso- , son aquellos que se muestran poco disponibles y cuya conducta es marcadamente impredecible para el niño, es decir, que su conducta como cuidador principal es cambiante, poco constante y no responde siempre de manera correcta a las necesidades expresadas por el niño.

Por otro lado, los niños con apego evitativo, suelen ser aquellos cuyos cuidadores presentan una conducta de poco contacto físico, que es esporádica, y que cuando ocurre se da de manera intrusiva, lo que suele llevar a los niños a experimentar emociones desbordantes. Ante las emociones negativas, los cuidadores de estos niños suelen mostrarse fríos y controladores, de tal forma que frenan o ignoran la emoción del pequeño.

Por último, los cuidadores de los niños que presentan un estilo de apego desorganizado, suelen tener conductas marcadas por la expresión de miedo o susto ante ciertas conductas de sus hijos, igualmente pueden ser cuidadores que desplieguen conductas para infligir ese mismo miedo en sus hijos. Podemos hablar también de cuidadores abandónicos y abusivos.

¿Y el estilo de apego es así para siempre?, ¿Cómo evoluciona el apego?

El apego no permanece igual durante toda la vida, de hecho, existen muchos modelos explicativos que hablan de cómo los estilos de apego anteriormente descritos, pueden reorganizarse una vez se alcanza la edad adulta. De todos los modelos, probablemente el más claro sea el desarrollado por Bartholomew y Horowitz en 1991. En este modelo se establece que hay cuatro estilos de apego, resumidas a continuación:

  • Estilo de apego seguro: como en el estilo de apego infantil, aquí encajarían personas con una autoimagen positiva, así como una imagen positiva de los otros, sintiéndose cómodos con la intimidad y la autonomía.
  • Estilo de apego preocupado: que caracteriza a las personas con una autoimagen más negativa, pero una imagen de los demás positiva, lo que les lleva a sentirse preocupados por las relaciones en general.
  • Estilo de apego temeroso: presentado por aquellas personas que tienen una autoimagen negativa, además de una mala imagen de los demás, dando lugar a conductas de evitación del contacto social y la intimidad.
  • Estilo de apego rechazante: es el estilo de apego presentado por aquellas personas que tienen una buena imagen de sí mismos, pero una mala imagen de los demás, presentando conductas aparentemente autónomas y de rechazo a la intimidad, desde una aparente falta de necesidad de la misma.

 ¿Cómo me afecta a mí esta realidad?

En primer lugar, es importante aclarar, que las conductas que se observan en experimentos como el de la “situación extraña”, son por lo general muy sutiles, de modo que deben ser evaluadas por un profesional. El análisis del estilo de apego es una labor compleja, que lleva años de estudio. Esto quiere decir que, si a algún lector intrépido se le ocurre hacer una replica casera de este experimento, puede llegar a conclusiones equivocadas.

Del mismo modo, ninguno de los estilos de apego adulto anteriormente nombrados son ni categorías estancas, ni categorías fáciles en las que encasillar a una persona. Para poder incluir a una persona en cada una de estas categorías se debe hacer un análisis exhaustivo de la personalidad y las conductas y tendencias relacionales.

En segundo lugar, si bien esta es una variable explicativa muy reconocida y validada, puede haber muchas otras causas, ajenas al estilo de apego, que expliquen conductas similares a las anteriormente descritas.

Dicho esto, el estilo de apego, condiciona en gran medida el tipo de actitud que adoptamos a la hora de establecer relaciones sociales con otros seres humanos, así como el tipo de relaciones sociales con las que nos sentimos cómodos, y por tanto, también el tipo de estilos de apego que buscamos para complementar el nuestro, algo así como el mito de la media naranja, solo que no es tan ideal, ni tan romántico.

¿Cómo afecta el estilo de apego a la pareja?

El estilo de apego que presenta cada uno de los miembros de la pareja, puede definir como es la relación entre ellos. Si una persona con un estilo de apego preocupado, es pareja de una persona con un estilo de apego temeroso o rechazante, nos encontraremos con el clásico juego del ratón y el gato. La persona con un estilo de apego preocupado, tenderá a perseguir a la persona con estilo de apego temeroso o rechazante, que huirá con toda probabilidad del contacto intimo con su pareja.

¿Qué ocurriría si se juntan dos personas con un estilo de apego temeroso o rechazante? Probablemente vivan una relación con muy poco contacto físico, mucha desconfianza, y dependiendo de cómo sea la autovaloración de cada una de estas dos personas, pueden presentar una relación de poder asimétrica, en la que uno de los dos siente que tiene un mayor control de la relación.

Seguro que a la imaginación del lector se le despiertan muchas otras combinaciones. Pero se debe de tener en cuenta que, nada esto es determinante, el encuentro entre dos personas es único y transforma la forma de entenderse a uno mismo y al otro. La teoría del apego no deja de ser una herramienta de evaluación más, de entre las muchas que puede utilizar un terapeuta. Con la ventaja de que es una teoría ampliamente aceptada.

Si te has sentido identificado con alguno de loes estilos de apego mencionados o te gustaría indagar más sobre ello y, por lo tanto, sobre tu propia historia en Cláritas podemos acompañarte en el proceso.