Las claves de la violencia vicaria

La violencia vicaria, también conocida como violencia “por sustitución”, es aquella violencia que tiene como fin dañar al máximo a la mujer utilizando como instrumento a sus mayores seres queridos, especialmente, a sus hijos e hijas, de manera que quede en ella un recuerdo y un dolor imborrables. Se considera una violencia secundaria a la víctima principal en la que el agresor se asegura de causar el máximo dolor a la madre, llegando a causar, lo que algunas víctimas consideran, el peor sentimiento que han podido llegar a tener: sentir la muerte en vida.

Algunas de las conductas recurrentes cuando el agresor opta, por llevar este tipo de violencia a su máximo exponente, asesinar a los hijos, es el uso de varios recursos para la eliminación de los cadáveres de forma que las madres no tengan un cuerpo que les facilité realizar el duelo de los hijos. Otras manifestaciones más “leves” de la violencia vicaria consisten en no devolver la custodia de los menores cuando corresponde, mantenerlos retenidos o hacerles presenciar el maltrato contra su madre.

¿Por qué la violencia vicaria se engloba dentro de la violencia de género?

Se utiliza el término “vicaria” ya que se sustituye a la madre (víctima principal) por otra persona, normalmente los hijos, para ejercer la acción. Aunque en muchos casos este tipo de violencia conlleve el daño físico o, incluso la muerte de los hijos, otras veces, conlleva un daño psicológico en el que se manipula a éstos para ponerles en contra de la madre o, incluso, para que le lleguen a agredir físicamente. De esta forma, tanto la madre como estas hijas e hijos se siguen considerando víctimas de la violencia de género ya que sufren este daño irreparable bajo el propósito de controlar y dominar a la mujer en la relación. El objetivo es la mujer, teniendo como fin la exhibición de poder y posesión del hombre sobre la mujer y sustentando la desigualdad de la relación.

Por todo ello, el término, que fue acuñado por la psicóloga clínica y forense Sonia Vaccaro, se incluyó en el Pacto de Estado contra la Violencia de Género en 2017.

¿Es lo mismo que el parricidio?

El parricidio es un delito de grave condena en el cual el agresor provoca la muerte de una persona con la que ostenta un parentesco ascendiente, descendiente o conyugal. En este caso, la víctima principal es la persona contra la que se comete la acción, sin intencionalidad de ejercer sufrimiento contra la mujer como el fin principal.

¿Por qué este tipo de violencia adquiere tanto poder?

Actualmente, esta violencia se suele cometer durante el divorcio o la separación de los progenitores. De esta forma, para que la víctima no se aleje del agresor, éste recurre a la amenaza sobre los menores para que la mujer no se divorcié ni le denuncie a cambio de que el maltratador no “le robe a sus hijos” y éste pueda seguir ejerciendo una relación de dominio sobre la mujer. O, puede hacer uso de ella como una venganza cuando ya se ha producido la separación de esta.

¿Por qué se sostiene?

La violencia vicaria se sustenta bajo un problema estructural de la sociedad. Es decir, este tipo de violencia sigue patrones originados en los parámetros patriarcales de la sociedad. Dentro de ellos se encuentra la creencia de que los hijos son objetos que las mujeres tienen gracias a los hombres y, a través de los cuales, se puede chantajear a las madres como si fueran un valor inmueble.

Afortunadamente, cada vez la sociedad ha ido evolucionando de forma que se esta creando una mayor conciencia y visibilidad sobre estos problemas.

¿Cómo podemos combatirlo?

Se debe continuar en la línea de la concienciación social de la realidad de la violencia de género y escapar del adultocentrismo que nos lleva a pensar que los niños no sufren como lo hacen los adultos. Por todo ello, es necesario un abordaje global, creando conciencia de que no son hechos aislados, sino que responden a problemas de desigualdad en el seno de la sociedad. Así, se hace explicita la necesidad de fomentar la educación en aspectos tan esenciales como los derechos y la igualdad de las personas para las nuevas generaciones, a la par que realizar campañas de sensibilización para el conjunto de la sociedad.    

Por ello, desde Cláritas, nos gustaría que si has reconocido alguno de estas circunstancias en ti o conoces a alguien que le pase, no lo pases desapercibido. Nuestros profesionales cuentan con formación específica para abordar esta problemática y podremos ayudarte en la lucha contra esta lacra social.