¿Por qué nos afectó tanto la caída de WhatsApp, Facebook e Instagram durante tan sólo seis horas?

Vivimos inmersos en la cultura de la inmediatez, en una sociedad líquida.

 ¿Qué quiere decir esto?

Uno de los primeros autores en hablar sobre este tema fue el sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman a través de lo que él llama la modernidad líquida.  Bauman considera que hemos pasado de una sociedad sólida a una sociedad líquida, es decir, la sociedad no conserva su forma ni persiste en el tiempo, sino que fluye y se transforma constantemente. Pero esto no siempre fue así.

Se considera que antes de la Segunda Guerra Mundial, la sociedad era sólida. Esto se manifestaba a través de la preocupación por el orden establecido, la división de trabajo y los valores inamovibles. En esta sociedad los rasgos de cada territorio estaban determinados por el poder totalitario, haciendo que existiese una mayor estabilidad y certidumbre en la vida de las personas. Sin embargo, desde la Segunda Guerra Mundial, el ser humano se ha desarrollado de forma exponencial en diversos aspectos: avances en la ciencia y en la tecnología y, una mayor diversidad en lo político, económico y cultural. Todo ello nos ha hecho acostumbrarnos a cambios rápidos y constantes en los que muchas veces las cosas más esenciales pasan desapercibidas.  Es así como la cultura de la inmediatez nos inunda: internet, redes sociales, smartphones, mensajería instantánea, aplicaciones para satisfacer desde cualquier lugar las necesidades más básicas, y un sin fin, de medios que han conseguido que nos acostumbremos a conseguir las respuestas que queremos en un periodo de tiempo fascinantemente breve.

¿Cómo nos afecta?

No estamos familiarizados con tener que esperar y buscamos la forma más rápida de complacernos, aunque esto no siempre nos permita valorar momentos importantes de nuestra vida o, ni siquiera, pensar que podemos pararnos a sentirlos. ¿Cuándo fue la última vez que te paraste a saborear un plato de comida en casa? ¿Y a disfrutar de una tarde para ti mismo? Estamos acostumbrados a satisfacer de forma acelerada todas nuestras necesidades y, de esta forma, esperamos llegar a la cúspide de nuestro desarrollo sin tener que “consumir” el tiempo que es necesario para conseguirlo. Todos los valores que puedan consumir el tiempo pasan a verse como negativos. ¿Por qué tener compromiso con una empresa en concreto si sé que otras pueden darme mejores condiciones? ¿Para qué invertir el tiempo en seguir formándome cuando con la formación que tengo puedo conseguir trabajo? Todo ello, además, nos evita enfrentarnos con la frustración, la cual no es bien recibida en esta cultura. 

Así pues, la cultura de la inmediatez se basa en la obsesión por vivir el presente. Sentimos que necesitamos conseguir todo lo que queremos en cada momento y sin esperar, lo cual nos lleva a tener un continuo sentimiento de urgencia y prisa. Esto mismo nos suele pasar con las relaciones sociales. Tenemos la falsa impresión de que conseguimos la felicidad a través de la conexión con internet. Ahí podemos encontrar todas las respuestas a nuestras dudas, establecer conexiones con nuestros amigos y seres queridos y todo con un simple movimiento de dedo. Sabemos que en cualquier momento podemos mandar un mensaje instantáneo para sentirnos acompañados.

Pero…. ¿Qué pasa cuando por algún motivo, no tenemos acceso a esta inmediatez?

Hace unas semanas nos quedamos sin acceso a las principales redes de comunicación de mensajería instantánea y, si bien muchas personas se agobiaron por no poder acceder a ellas, otras descubrieron que había más formas de relacionarse. Diversos medios destacaron un aumento en las llamadas telefónicas, las cuales permiten profundizar más en las conversaciones, pero claro, siempre que la otra persona esté disponible en ese momento (lo que suele ser un impedimento en la cultura de la inmediatez). Por otra parte, algunas personas se alegraron de poder disfrutar de una tarde sin la presión de estar continuamente pendiente de un móvil o, simplemente, del poder trabajar sin interrupciones.

Bajo mi punto de vista, fue un buen experimento para, por unas horas, poder olvidarnos de la inmediatez y recordar que la vida es todo lo que experimentamos en cada segundo, que hay muchos detalles del presente que son importantes y, que por no querer “consumir tiempo” acabamos consumiendo la vida sin pararnos a disfrutar de lo que realmente es importante: vivir.

Si sientes que has dejado de disfrutar el presente o conoces a alguien que le pase, en Cláritas podemos ayudarte. Sin duda, la terapia psicológica nos ayuda a reencontrarnos con nosotros mismos y a volver a disfrutar de la vida en su plenitud.

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Esmeralda Ramos Luna

Esmeralda Ramos Luna

Psicóloga General Sanitaria, con perspectiva integradora y especializada en EMDR.