¿Qué es la responsabilidad afectiva y por qué es tan necesaria hoy en día?

Una creencia popular en la sociedad actual es que solamente hay que tener consideración por el otro cuando estamos comprometidos en una relación seria. Este es el motivo por el que muchas personas se justifican a la hora de hacer “ghosting” a una persona a la que acaban de conocer. No sienten ningún reparo y desaparecen sin dar explicaciones porque piensan que, al no estar implicados en una relación formal, no le deben nada a la otra persona.

Pero movernos por la vida sin asumir responsabilidad de nuestros actos implica vivir en una sociedad repleta de personas con heridas emocionales. Heridas que luego son difíciles de reparar y que hacen que cada vez nuestras relaciones sean más superficiales y artificiales. Y por eso es tan importante reivindicar el concepto de la responsabilidad afectiva: porque a la hora de relacionarnos debemos pensar en la otra persona y no solo en nuestro propio placer.

Lo que no es

Tener responsabilidad afectiva no quiere decir que debamos asumir como propias las emociones de la otra persona, ni que debamos poner sus necesidades por encima de las nuestras. En ocasiones, cuando estamos en pareja, tomamos más responsabilidad de la que nos corresponde. Pero no debemos olvidar que nuestra pareja es una persona adulta, con capacidad para gestionar y regular sus propias emociones.

Lo que sí es

Responsabilidad afectiva significa simplemente tomar conciencia y responsabilizarnos de los efectos que tienen nuestras acciones sobre otras personas.

Aunque es especialmente importante en las relaciones amorosas, la responsabilidad afectiva es necesaria para todo tipo de relaciones sociales. Para poder ser más responsables en nuestras relaciones, estas son algunas cosas que hay que tener en cuenta:

Comprender que toda relación implica a un otro

Aunque parezca muy básico, lo primero que debemos entender es que en toda relación afectiva hay, al menos, dos personas implicadas. Esto quiere decir que deberemos entrenar habilidades como la de la escucha empática.

 Las personas que tienen responsabilidad afectiva saben salirse de su propia perspectiva y entienden que la otra persona también tiene sentimientos y necesidades diferentes. Son capaces de asumir su parte de la responsabilidad en los conflictos de pareja sin olvidarse de sus propias necesidades.

Establecer acuerdos y respetarlos

En toda relación afectiva existen una serie de acuerdos, tanto implícitos como explícitos. Por ejemplo, en una relación monógama, el acuerdo implícito que hay es que ninguno de los miembros puede estar involucrado de manera romántica con otra persona.

En otras ocasiones, sin embargo, los acuerdos no están tan claros, sobre todo si la pareja se acaba de conocer. ¿Podemos ver a otras personas? ¿Podemos mantener relaciones sexuales con otros? ¿Debo conocer a sus amigos y a su familia? En relaciones más casuales, estas cuestiones casi nunca se debaten porque la pareja piensa que es demasiado pronto para hablar acerca de ello. El problema es que si no hay acuerdos explícitos surgen los conflictos y acabamos sufriendo más.

Por casual que sea la relación, la pareja debería ponerse de acuerdo en cuestiones como: con cuánta frecuencia esperan verse, si está permitido o no el conocer a otras personas o qué se espera de la relación de cara al futuro. Y lo más importante: una vez establecido el acuerdo, debemos respetarlo por respeto hacia la otra persona.

Entender que ninguna relación está libre de conflictos

Una situación que se suele dar entre dos personas que se acaban de conocer es que, al no haber acuerdos explícitos, ocurre un malentendido y uno de los miembros demanda resolverlo. Pero hay personas que tienen una especie de aversión al conflicto y desaparecen a la mínima que hay un malentendido.

Desde la perspectiva de la responsabilidad afectiva se entiende que ninguna relación está libre de conflictos, ni siquiera las relaciones más casuales. De hecho, en toda relación adulta surgen las complicaciones, desde las amistades hasta las relaciones con nuestros compañeros de trabajo. Es por ello por lo que debemos ser capaces de debatir, negociar y resolver conflictos sin vernos abrumados por ellos.

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Alejandra de Pedro

Alejandra de Pedro

Psicoterapeuta humanista
Alejandra de Pedro González, graduada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid. Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Pontificia de Comillas. Máster en Terapia Humanista Experiencial y Terapia Focalizada en la Emoción por la Universidad Pontificia de Comillas.